Hasta siempre, Cooperativa

Los últimos días de junio han sido tiempo de revoluciones, de "pequeños terremotos" como diría Tori Amos en una canción igualmente sísmica. Por estas jornadas de sol frío una inusitada oferta laboral me obligó a dejar dos años de mi vida atrás y cerrar la etapa de corresponsal de Radio Cooperativa para dedicarme a caminar por otros senderos. Un nuevo trabajo más estable, con horario "humano" y mejores perspectivas futuras me motivó a dar el paso... Y así, de golpe, se acabarán mis tardes anacrónicas, mis noches de sobresaltos, mis despachos "para la señora de Arica", mi micrófono blanco, mi voz repetida en parlantes (que nunca quise escuchar), mis caminatas erráticas por las calles de Valparaíso....
De pronto queda atrás tanto.. los accidentes, incendios, formalizaciones, juicios, controles de detención, marchas, derrames, crímenes, Esmeraldas, años nuevos, semanas santas, y junto con ello, mis amigos reporteros, y esa familia de voces que se repetía al otro lado del teléfono desde la radio, en Santiago.
Queda atrás mi vida libre, y virtualmente comandada por un jefe al que apenas conocí. En el pasado permanecen las luchas diarias por encontrar temas para despachar, la lucha inicial por la aceptación entre otros periodistas, el lento proceso de confiar en mi voz, de mirar de frente, de cerrar los círculos.
Y pese a tantos desencuentros y aciertos, la radio de los tambores quedará grabada en mi historia, más allá de la voz que repetía dos veces la hora en la mañana o alarmaba mi infancia con sus estridencias. Será ahora la emisora que habrá acompañado mis días de pequeño adulto, mis 20 y tantos llenos de ansiedad, los tiempos en que he sido más libre que nunca, y he aprendido -con lecciones a cuestas- el alcance de mis límites.
Ahora el diario de Cooperativa dejó de llamar...